La clienta te dejó tres mil pesos en marzo y no la volviste a ver. Se alivió en agosto y ni te enteraste: los brasieres, las pijamas y la segunda faja se los compró en línea a otra.
Te llegó de 36 semanas por el vestido del baby shower, que es el sábado, y el único que le gustó lo tienes en XS. Se fue llorando y tú te quedaste sin la venta más grande del mes.
Vendes ropa de embarazo, no de temporada, y compras como tienda normal. Tienes el rack de segundo trimestre vacío y el de lactancia lleno de polvo.
Mandaste a maquilar 300 pantalones y te quedaron 90 extra chicos. Tus clientas son M y L y pediste como si vistieras adolescentes.
Rentaste el mismo vestido de sesión a dos clientas para el mismo domingo. Una se quedó sin vestido el día de sus fotos. Y ni contamos los dos días que estuvo en la tintorería.
Todo el día contestas lo mismo: “¿de cuántas semanas estás?”, “pide tu talla de antes”, “sí tiene apertura”. Se te va la mañana en el celular y no atiendes a la que está parada enfrente.
Tienes doscientas clientas embarazadas y no sabes en qué semana va ninguna. Están en la libreta y en tu cabeza, y tu cabeza no se acuerda de doscientas fechas.
Le mandaste “ya te toca tu pantalón de la 16” a una clienta que había perdido el embarazo. Te contestó una línea y no la volviste a ver. Eso no se arregla con un descuento.
Regresó a los cuatro años con su segundo bebé y la atendiste como si fuera nueva: ni te acordabas de su talla, ni de que le va el panel bajo, ni de que la primera vez fue cesárea.
Ningún sistema de ropa entiende que aquí la clienta trae una fecha, que el surtido se arma por trimestre y no por temporada, ni que la faja va dentro de la maleta del hospital y no después del parto. Sacs sí: cada pantalla que sigue funciona igual en el mostrador, en el probador y en el WhatsApp de las once de la noche. Y encima puedes poner agentes de IA para que hagan el trabajo repetitivo: contestar “¿de cuántas semanas estás?”, avisar de la maleta en la 34 a quien dio permiso y proponer el surtido por las semanas de embarazo de tu lista. Lo del parto lo escribe una persona, siempre.