Talabartería Las Alazanas Ser vaquero no es una moda. Es una forma de vivir.
Las Alazanas viste a quienes viven el campo y el caballo todos los días. Sombreros, botas, camisas, cinturones y piezas de talabartería que salen de su propio taller, trabajadas a mano. Lo que venden es lo que viven.
No es un disfraz de fin de semana. Es el día a día.
Para quien vive el campo, lo vaquero no es una tendencia de temporada: es la ropa con la que se trabaja, se monta, se va a la feria y se llega a la fiesta del pueblo con la familia. Un sombrero que aguanta el sol, una bota que aguanta el estribo, una camisa que se vuelve a poner al otro día.
Las Alazanas nace de esa vida y la viste. Por eso en su piso de venta no hay disfraces: hay lo que su propia gente usa.
Antes de llegar a la vitrina, pasa por unas manos.
La talabartería es un oficio que se aprende viendo y se perfecciona con los años. En su taller, cada pieza de piel se hace como se ha hecho siempre: despacio y a mano.
- 1
El trazo.
El dibujo se marca a mano sobre la piel, con compás y punzón, línea por línea.
- 2
El repujado.
El dibujo se levanta en relieve hasta que la pieza cuenta su propia historia.
- 3
El acabado.
Se tiñe, se cose y se revisa a mano antes de llegar a la vitrina.
Vestirte también es decir de dónde eres.
El sombrero, la bota y el cinturón grabado no son solo prendas: son la forma de decir qué te gusta y de dónde vienes, sin decir una palabra. Las Alazanas acompaña a su cliente a encontrar la pieza que lo representa, de paja para el sol o de fieltro para la fiesta.
Cuidar una cultura también es saber venderla.
La cultura del campo y del caballo es parte de lo que somos. Las Alazanas la honra con un oficio que se hereda, con piezas que duran y con un equipo que la vive: todos llevan la herradura de la marca en la espalda y se llaman a sí mismos #FamiliaAlazanas.
Del Estado de México a Yucatán.
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